Ya ha pasado un mes desde mi llegada a Senegal. Aunque ha pasado bastante rápido, parece que llevo aquí mucho más tiempo. Y es que es precisamente el tiempo lo que es diferente aquí. Esto es algo difícil de explicar a una personas europea “tipo”, que esté conectada casi permanente a la tecnología y la vida moderna. El no disponer de televisión ni de radio, el tener un acceso Internet que da solo para consultas rápidas, y a veces ni eso, el no tener un móvil con conexión a Internet y, el estar fuera de lo que es tu entorno social habitual, hacen que el tiempo se alargue, se estire como un chicle. Las horas son más intensas y más largas porque no se viven a través de una pantalla de un aparato electrónico. De verdad, a las personas que no lo hayan probado, es una experiencia que recomiendo vivir alguna vez al año, durante al menos un par de meses. Yo lo siento como curativo.

Estos últimos días han sido de lo más variado. Hemos estado avanzando en las dos obras, en el Centro Cultural Aminata y el aula circular de botellas de Hahatay. Gracias al gran número de voluntarios y voluntarias que conforma el primer turno del verano, hemos avanzado bastante. Son personas con ganas de ayudar y mancharse las manos, así que hemos empezado con la construcción de un banquito perimetral en el aula circular, donde los niños de preescolar, que son los beneficiarios principales de la misma, podrán sentarse bajo una cubierta de paja que apoyará en unos pilares circulares, que también pudimos acabar de colocar ayer. Es un placer poder trabajar con gente local, todos juntos, y ver cómo las cosas van avanzando con el esfuerzo de todos. Como poco a poco nos vamos conociendo todos mejor y cómo se nos olvidan las diferencias, desde el color de la piel, la procedencia o las costumbres… Al final no somos iguales, pero tampoco somos tan distintos. Es un orgullo formar parte de un equipo así, la verdad.

Nuestro precioso Centro Aminata sigue también adelante. Estos días hemos estado trazando lo que será la plataforma elevada del edificio y acabando los pilares de los dos porches. Esto nos permitirá estar tranquilos con el tema de las lluvias y, así, la cimentación estará bien protegida. Además, de poder evacuar mejor el agua, ya que le pondremos algo de pendiente con ese fin. Además, hemos pintado todas las madera de lo que serán las cerchas con un producto contra los hongos y los insectos, que hará que queden muy bien protegida. La próxima semana llegará el equipo que va a ayudarnos a construirlas, ¡por fin!. Como seguimos en época de lluvias, nos las ingeniamos una y otra vez para colocar los plásticos lo  mejor que podemos. El último invento es colocar bloques de  hormigón que colgamos para que no se levanten dichos plásticos. Ideaca.

También ha habido espacio para el turismo esta vez. Hemos hecho un par de visitas a San Luis. En una de ellas tuvimos la suerte de toparnos con Falu, un genial zapatero al que le hemos encargado un par de sandalias y un bolso. Es artesano desde los cuatro años y trabaja en un sitio muy particular. Es una villa de artesanos, un montón de edificios de una planta dispersos en un terreno cercado. La villa es propiedad del Ayuntamiento, y por ser público, se encuentra bastante deteriorado y abandonado. Falu nos contó que no paga el alquiler porque los tienen trabajando en muy malas condiciones. Aún así y comprobado el mal estado de su pequeño rincón de trabajo, Falu no pierde la sonrisa y sigue dedicándose a lo que mejor sabe hacer. Adicionalmente, también conocí a Omar, un senegalés que regenta una cafetería, que bien podría estar en cualquier ciudad europea. Un chico muy majo que cuida hasta el más mínimo detalle: café recién hecho, galletas típicas artesanales y una deliciosa música fusión senegalesa, que hacen que empieces con una gran sonrisa la mañana.

La segunda visita a San Luis fue aún mejor. El tío de Mamadou, que habla un madrileño depurado por su estancia en la ciudad, nos hizo un tour por toda la ciudad. Nos enseñó los rincones y los lugares más pintorescos y típicos de la ciudad. Nos contó muchas curiosidades sobre algunos sitios emblemáticos como el Hotel de la Poste, donde el autor del Principito residió una larga temporada, el mercado de telas, e incluso los edificios donde retenían a los esclavos, antes de enviarlos a Estados Unidos. Es sorprendente cómo cuentan estas cosas, cómo reviven y relatan el sufrimiento de su pueblo y de su raza, delante de un grupo de blancos europeos, que no han pasado por cosas tan duras, ni una décima parte… y lo hacen con una humildad, con un cariño y una sonrisa, que erizan la piel y el alma.

Son días de muchísimo calor. Te das una ducha y, literalmente, en cinco minutos estás de nuevo sudando como un pollo. Es a veces tan asfixiante que muchas personas se salen a dormir al raso. Pero claro, cuando un día te levantas y te pones a limpiar la habitación… y entre los colchones sale un escorpión, a una se le van las ganas pronto. Menos mal que Alberto estuvo rápido y se dio cuenta que no era una cucaracha, ni ningún otro de los bichos que nos van acompañando de vez en cuando. ¡Qué susto!. No sabemos cómo de venenoso sería, pero de seguro que deberíamos haber ido al hospital corriendo. Afortunadamente, sólo fue un susto.

El día 31 Nerea cumplió 30 años. Le dedicamos varios pasteles y plantamos un precioso árbol en su honor. Te mandamos todo nuestro amor, allá desde donde nos estés mirando. Todo esto va por ti y por el pueblo de Gandiol, al que tanto querías.

¡Hasta más ver!

🙂

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