Dakar es un sitio muy peculiar, a veces puedes sentirte como en casa, y otras puede ser algo inhóspito. Eso sí, teníamos muy claro que queríamos, antes de dejar el país, visitar la Isla de Gorée, un pequeño territorio insular ubicado frente a la costa de esta ciudad, a unos tres kilómetros. Esta isla fue descubierta por los portugueses en el siglo XV. Este lugar fue, durante más de tres siglos, el mercado más importante de esclavos hacia Estados Unidos, el Caribe o Brasil. La primera casa de esclavos fue construida en el año 1536, estando en funcionamiento hasta la abolición de la esclavitud por parte de los franceses, en el año 1848. En la actualidad, una de esas casas de esclavos, se conserva como museo y allí se pueden recorrer los espacios donde estas personas eran privadas de libertad, antes de ser exiliadas para su explotación. Ciertamente, es estremecedor pensar que esta isla, que bien podría recordar hoy a la isla de Burano en Italia, por sus casas coloridas, su exquisita conservación y su urbanismo cuidado, fuera en su momento un lugar de la vergüenza, una cárcel inhumana.

Paseando por las calles de Gorée te das cuenta que parece un sitio tan ficticio como Venecia. Lo digo con conocimiento de causa, ya que he residido en la ciudad italiana. Gorée es como un escenario, una representación turística para recaudar fondos, pero nada tiene que ver con Senegal, bajo mi punto de vista. Al igual que el paseo hacia Rialto y San Marco, nada de nada tiene que ver con lo que es Venecia y su magia. La isla senegalesa está repleta de tiendas de souvenir y puestos de artistas y artesanos, que son por otro lado, los principales huéspedes de esta particular isla.

Nos vamos ya Senegal, esperamos volver muy pronto.

🙂 ¡Bachicanán!

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