Un día antes de la llegada del primer grupo de personas voluntarias decidí, en un rato libre, dar una vuelta por el pueblo y la playa. Es absolutamente maravilloso el paisaje, pero entristece ver la cantidad ingente de basura que hay por casi todas las partes, ocupadas por humanos. Lo peor es que es perfectamente entendible, dado que no tienen ningún sistema de gestión de residuos. La gente, simplemente, echa la basura donde puede o donde le place. Y así, es como se deja sin pulir un diamante en bruto.

Mientras daba el paseo, saludé a toda aquella persona que se cruzaba por mi camino. Aquí es lo normal. Son, además, bastante protocolarios. Por ejemplo, si llegas a una casa, o un lugar donde hay varias personas, deberás dar la mano y saludar con varias frases convenidas, aunque estés de paso, o hayas visto a la persona esa misma mañana. Son muy cumplidos y atentos, y sí no lo haces, se encargarán de recordártelo en cualquier momento.

Al día siguiente llegaron los voluntarios y las voluntarias del primer turno. Son personas muy majas, con muchas ganas de ayudarnos y de conocer las costumbres de este precioso país. Les enseñamos el bar Zebra, comimos con gran parte de la inmensa familia de Mamadou y bailamos al ritmo de los tambores.

Además, la obra sigue avanzando. Ya tenemos toda la cimentación, gracias a que ya hemos terminado de hormigonar y subir toda la cimentación de las pilastras. La cimentación es la parte más dura, bajo mi punto de vista, es una parte que lleva bastante tiempo y poco agradecida, ya que va enterrada. Las fases de muros y cubierta son más divertidas y más vistosas. Así que, estoy pletórica por haber acabado esta semana con la última parte que nos quedaba. Ya hemos encargado la madera de las cerchas y esperamos que llegue cuanto antes para ponernos a construirlas. Mientras tanto, seguimos repellando los muros del edificio administrativo, y puede que empecemos a subir los muros de la biblioteca, si vemos que se retrasan. ¡¡Hay que seguir adelante!!

En paralelo, hemos hecho una escapada este domingo hacia el desierto de Loumpoul. Ha sido una visita espectacular a un campamento precioso en pleno desierto, a mitad de camino entre Dakar y Gandiol. Pagando 25.000 Cfas (unos 38 euros), te recogen y te llevan en camión, te invitan a comer y beber té, y te dejan estar en un campamento con jaimas y vegetación. Un lujazo para retomar el lunes como se merece, ¡currando!

Hasta pronto, “Bachicanam!”

 

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