3 meses, que parecen 3 días

Y así, como quien no quiere la cosa, llevas tres meses en Haití.

Llevas tres meses peleando y luchando para echar a caminar tres proyectos: uno construido ya al 80%, y otros dos que están en las primeras fases de la construcción. Parece sencillo, pero después de toda la parte más burocrática, administración, de negociaciones con la Cruz Roja Haitiana, de búsqueda de proveedores y de arduas negociaciones con dichas empresas, toca rezar para que todo llegue a la obra (lo cual no siempre es fácil, y menos desde hace dos semanas que ha empezado la época de lluvias…. tropicales, que no son moco de pavo). No lucho sola, me acompañan en este camino muchas personas, aquí en Haití y desde Madrid. De cerca, me acompañan cuatro haitianos que me suelen hacer la vida algo más sencilla (aunque alguna vez se despisten y toque darles un tironcillo de orejas): mi ingeniero James, mis dos contramaestres Yves y Clearveaux, y mi ojo derecho Tony, la persona que me hace de secretario, consejero, agente de rendición de cuentas, y cuatro mil cosas más. Por supuesto, sin olvidarnos del fiel Octave, nuestro chófer, que nos lleva sin rechistar de allá para acá, siempre dispuesto y con una sonrisa. La verdad que, gracias a ellos, voy con gran alegría al trabajo, donde hemos conseguido crear un buenísimo ambiente de trabajo.

Una de las cosa que más me ha emocionado e impactado de este último mes, han sido nuestras conversaciones, entre visita de obra y visita de obra. Esos preciosos recorrido junto a mi equipo, que yo aprovecho para conocerles más, para saber qué cosas les mueven, saber sobre sus familias, sus aficiones o creencias. Un día salió el tema del terremoto de 2010, ese mismo que hace que esté yo aquí reconstruyendo una de las escuelas destruidas. Ese mismo que se llevo por delante a más de 300.000 personas, entre las que estaba al madre de James. Casi sin parpadear me contaba como estuvo al lado de su madre entre escombros, sin poder sacarla, mientras ella seguía viva durante dos días encerrada. O como Octave sacaba cuerpos y personas aún vivas, de entre los escombros de un barrio de Puerto Príncipe. Octave aún se emociona al contarlo, James es increíble la frialdad con que lo relata. Imagínate que te hubiera pasado a ti, hace solo siete años. Yo no me pude reprimir el llanto, por lo injusto y triste, pero sobre todo, porque son mi equipo, mis compañeros, y ya son parte de mi vida.

Por otro lado, los trabajos siguen viento en popa. Ha habido algún que otro problema, como el inicio de las lluvias, o que alquiles un camión y se te estropee dos veces, en el mismo sitio, en la misma pieza, y te deje las jornadas comunitarias a mitad… esas cosas que suelen suceder en este tipo de contextos… Cada día siempre hay algo liado, pero poco a poco y con mucho trabajo, vamos capeándolo. Seguimos levantando las letrinas, a la espera de la prueba sobre el hormigón, y ya tenemos casi el 40% del muro de piedra perimetral de nuestro recinto escolar. Además, hemos ya cavado toda la cimentación del Comité de Marigot y también hemos realizado la primera visita al de Thiotte, donde ya nos han dado el visto bueno para comenzar con los trabajos. Todo se andará.

El mes de febrero, y parte del de marzo, ha sido para el Carnaval, que aquí dura varias semanas, entre pre-carnaval, carnaval y post-carnaval… Es la época del año más importante para Haití, y en Jacmel son famosos por su carnaval. Es increíble como estas personas viven sus fiestas, cómo decoran todo (incluso a ellos mismos) y como la vida gira en torno a esta celebración. Creo que en toda mi vida no he visto nada parecido, vamos, estoy segura de que no. Altamente recomendable.

También muy recomendable visitar “Île à Vache”, donde nos hemos perdido durante unas cortas vacaciones a finales de febrero. Cortas porque nos hubiéramos quedado eternamente entre palmeras, zumos de frutas y paisajes paradisíacos bastante desconocidos. Guardadme el secreto, porque sería genial que siguiera siendo así 😉

Siento la espera entre el último post y este, de verdad que la vida en Jacmel es tan ajetreada, entre trabajo y ocio, que se hace difícil sentarse un rato con la suficiente tranquilidad. Espero volver a retomarlo y seguir dándoos buenas noticias desde el otro lado del Atlántico.

Un abrazo,

Ana Martín.