La familia Hahatay

Amaneció el día en el hogar de Hahatay. ¡Qué maravilla despertar con la brisa y el sonido del mar! Tenemos una preciosa buhardilla desde donde se oyen las olas y las gaviotas. Ya ha empezado mi guerra particular con los mosquitos, esta noche se han colado un par y nos han picado en las muñecas a Aino y a mí. Thaisa parece ser que no les gusta tanto y la dejan más en paz durante la noche. A estos bichos les encantan las articulaciones de muñecas y dedos, se ve que ahí tienen más donde rascar.

Ha sido un día de estar en casita, era el cumpleaños de Mamadou y le hemos dado sus regalos y cantado el cumpleaños feliz en varios idiomas (español y wolof, principalmente). A parte, nosotras, hemos estado trabajando duro en el ordenador. Hay varias cosas de los muros de adobe y la cubierta que había que darles una buena vuelta, y en ello estamos. Queremos retomar la obra tras el fin del Ramadán, que se celebra hoy, así que en poquitos días volveremos a estar a tope con la obra. Mientras tanto hay algunas cosas que debemos limar y discutir entre todos.

La casa de Mamadou es de lo más animado. No dejan de entrar personas de todas las edades, algunas de la familia y otras son amistades. Me cuesta mucho acordarme de los nombres, al igual que de las pocas palabras en wolof que tratan de enseñar. Qué torpeza la mía, ya que muchas de estas personas son capaces de hilar varias frases seguidas en español. Poco a poco trataré de ponerme al día, ya que muchas de las personas del pueblo, sobre todo los más mayores y los más jóvenes, tan sólo se comunican en esta lengua.

A parte del trabajo, me he dedicado a inspeccionar los espacios de la casa y el terreno. He conocido un poco más a sus habitantes, tanto humanos como no humanos, y he disfrutado mucho de su compañía, entre cada comida y cada charla. Además he probado la deliciosa comida y he disfrutado de una ducha al aire libre, con vistas a las palmeras de la playa vecina. Todo un lujo.

Para finalizar este día tan productivo, a la par que relajado, hemos acompañado a toda la familia de Mamadou en la celebración del final del Ramadán. Esta acogedora y enorme familia vive en una casita frente al mar. He conocido a todos sus miembros y disfrutado de la sabrosa comida que nos han preparado. Qué poco hace falta a veces para unir a personas de sitios tan lejanos: muchas sonrisas y algo rico para comer.

Jàmm ak jàmm! (Hasta mañana!)

Ana Martín