Los adobes

 

De pronto, la noche de antes, se decide que a la mañana siguiente empezamos a levantar muros de adobe, como a las 11 de la noche. Así que, sola, a la mañana siguiente me fui con Mamadou a la obra a planear la jornada con los trabajadores. Son dos hombre la mar de majos (soy incapaz de reproducir sus nombres ahora), con lo cuales me intento comunicar en mi parco francés y sus pocas ganas de hablarlo. La verdad que es curioso para mí, ya que en Camerún era más fácil la comunicación, ya que incluso entre ellos hablaban mucho francés (también Eton, pero no exclusivamente). Aquí no, de hecho hay mucha gente que ni lo habla, ni lo pretende. Lo veo normal e incluso apoyo la moción, pero claro, cuando intentas levantar un edificio (y por dios, que no se caiga!), pues la cosa se complica. Cuando, además, por la premura de la situación, te ves sola ante la toma decisiones, pues ¡valor y a por el toro!.

La verdad que la mañana fue mejor de lo esperado. Los trabajadores aceptaron estupendamente mis recomendaciones y guías, y las siguieron a pies juntillas. Eso fue algo que también me sorprendió, de manera muy grata. Ya que cuando llegas a un contexto como este, siendo blanca, mujer y joven… suele ser bastante más complicado, y suele costar bastante más tiempo, que a una no la tomen por el pito del sereno en cuanto se da la vuelta.

La jornada ha concluido satisfactoriamente con tres hileras de adobes en uno de los dos módulos. Los principios son más lentos, pero ahora en adelante será coser y cantar.

Mañana hay actividad participativa con la comunidad, ¡¡Ya os contaré más!!

Ana Martín